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Ante la emergencia por COVID-19,
profesionales, técnicos, responsables de operación y mantenimiento, e involucrados
en temas de agua y saneamiento de establecimientos de salud, han comprobado la
importancia de conocer diferentes miradas para la gestión integral del agua en
un curso organizado por varias instituciones.
Los países de la región de América Latina
y el Caribe se han visto obligados a reforzar sus centros sanitarios frente a
la pandemia por COVID-19. En relación con el agua, existen todavía carencias y
debilidades que necesitan atención urgente. Estos centros deben contar con agua
de calidad, en cantidad y continuidad adecuadas; así como tecnologías de
saneamiento que permitan la prevención de infecciones dentro del
establecimiento. Los equipos necesitan ser eficientes, acompañados por un
enfoque cultural que garantice su uso adecuado por parte de todos los usuarios.
A fin de evitar contagios y mantener las
condiciones de higiene, en algunos casos significa adecuar las instalaciones ya
existentes, y en otros montar centros de salud de emergencia. Las inversiones
incluyen capacitación y tecnologías adecuadas a la topografía, el clima o la
distancia a las comunidades. Para la operación y mantenimiento de las plantas
de tratamiento de aguas residuales, es fundamental implementar protocolos
adecuados, a fin de evitar que los operadores se expongan de manera riesgosa.
Todas estas medidas e infraestructuras
repercutirán favorablemente para disminuir los riesgos de la población de ser
contagiada por bacterias y virus, incluyendo los coronavirus. Pero en los
establecimientos de salud no solo la ciencia y la tecnología se relacionan con
la gestión del agua, sino también aspectos sociales y culturales. Para conocer
los diferentes y complementarios enfoques al respecto, entrevistamos a varios
expertos. Sus palabras son un acercamiento a la temática presentada en el curso
“Enfoque manejo integral agua y saneamiento en establecimientos de salud
durante la COVID-19”, co-organizado por varias instituciones.
La mirada antropológica
Sr., ¿cuáles han sido las principales formas de entender el
manejo del agua a lo largo de la historia?
De acuerdo a Fekri Hassan* podemos
encontrar una serie de paradigmas en la gestión del agua, que van desde una
mirada espiritual que entiende al agua como el origen de la vida y que
transmite su vitalidad al resto de los seres vivos, hasta el paradigma del agua
moderna, basado en el trabajo ingenieril y científico, donde el agua es
factible de ser gestionada, administrada y domesticada. Otros paradigmas tienen
que ver con lo ético y normativo (el derecho de aguas), el paradigma económico
que ve el agua como un bien económico, o el paradigma ecológico que la ve como
esencial para la reproducción y mantenimiento de los ecosistemas. Si bien hay
una cierta relación histórica en el surgimiento y dominancia de los paradigmas,
no necesariamente se sustituyen, sino que se superponen y se
hegemonizan.
¿Cuándo comienza a relacionarse la calidad
de las aguas con la salud de la población?
Hay evidencias de dicha relación en los
estudios de la Grecia clásica, unos 2500 años antes del presente. Por ejemplo,
en los textos de Hipócrates (460-337 BC) sobre su teoría de los humores y la
importancia de filtrar y hervir el agua de ingesta. Los restos de los
santuarios de agua y curación, denominados asclepeia, con sus aguas termales y
piscinas, anfiteatros y bosques, nos muestran también que no es sólo una
relación agua-cuerpos, sino que contempla la salud ambiental de una forma
integral. A comienzos del siglo XIX, en el mundo occidental, la higiene
personal con agua, se vuelve un principio básico para mantener la salud de las
personas en centros hospitalarios y en las urbes. Las sociedades mediterráneas,
influenciadas por la filosofía y religión islámica, expanden la relación con el
agua, en un sentido también de justicia social, donde nadie podría quedar
excluido.
Desde el punto de vista de la era del
Antropoceno ¿qué significa la “aceleración del ciclo hidrológico” y el “ciclo
hidrosocial”?
Se le llama “aceleración al ciclo hidrológico”
al fenómeno de reducción del tiempo de residencia de las aguas en sus distintos
estados (líquido, gaseoso y sólido) que estaría relacionado con los eventos
hidroclimáticos extremos y que se entiende estaría conectada con la acción
antrópica en el manejo de las aguas, con represas, reservorios, mayores bombeos
para distintas actividades agrícolas y residenciales, y las consecuencias del
aumento de la temperatura media del planeta y el efecto invernadero.
El significado del “ciclo hidrosocial” en
la era del antropoceno es más conceptual que descriptivo: permite entender la
importancia de no separar naturaleza y sociedad, sino entender la mutua
configuración entre las relaciones entre las personas humanas y de ellas con la
llamada naturaleza externa. Resalta la prioridad que debemos darle a las
relaciones sociales económicas, políticas, culturales para comprender el estado
y futuro del ambiente. La solución a los problemas del ciclo hidrosocial
(justicia hídrica, prevención de la contaminación, restauración de los
ecosistemas acuáticos, por mencionar algunos) no será técnica o financiera o
institucional, sino que deberá orientarse a nuevas formas de vida en sociedad,
a transformar las relaciones que nos damos los humanos en organizar la
producción, el consumo, la vida urbana y el ocio, porque dichas relaciones
tienen efectos en las tecnologías y en los paradigma que influyen en cómo
transformamos y orientamos los flujos de las aguas. En resumen, las humanidades
y las ciencias sociales tienen mucho a contribuir a la hidrología para entender
y orientar los ciclos hidrosociales a formas sustentables.
¿Cómo impacta la sensibilidad a las
diferencias culturales para un mejor manejo de los recursos hídricos?
Es fundamental para prevenir conflictos y
desarrollar una “hidropolítica democrática”. Es la base para intentar construir
un paradigma y práctica en la gestión de las aguas bajo el principio del
derecho humano al agua y el saneamiento construido desde la utopía
intercultural. Este ejercicio podría dar lugar a una cultura del agua que sea
cosmopolita, como proyecto futuro de cooperación entre los pueblos a partir de
la diversidad y las diferencias, que no desaparecerán, sino que se tendrán que
ver representadas y reflejadas, de forma vinculante, en los acuerdos inter y
trasnacionales de cuidado de las aguas a nivel territorial local y regional
pero simultáneamente con mirada planetaria.
La mirada técnica
Sr., desde el punto de vista de su
institución ¿Cuál es la situación actual de la infraestructura del sector salud
en América Latina y el Caribe para enfrentar la COVID-19?
América Latina y El Caribe tiene en
general una red de salud antigua que rebasa los 50 años en muchos casos. Las
instalaciones requieren de ampliaciones y mejoras porque la vida útil de
la infraestructura cumplió su ciclo, teniendo problemas principalmente en las
instalaciones eléctricas, de agua y sanitarias. La red hospitalaria en su
mayoría no cuenta con plantas de tratamiento de agua residual adecuadas, ni una
instalación adecuada de un centro de acopio de residuos sólidos hospitalarios
infecciosos. El renglón de operación y mantenimiento regularmente no tiene
asignados recursos financieros suficientes.
La Organización Panamericana de la Salud ha hecho aportes para tener una mejora en
los establecimientos de salud. Han establecido mecanismos de evaluación y
monitoreo sobre la prestación de servicios de agua potable, saneamiento e
higiene, a través de la guía WASH FIT, que orienta los grupos de trabajo de
cada establecimiento de salud, para la elaboración de un plan de acción.
¿Cómo fue su experiencia en la
construcción de 2 hospitales durante la atual emergencia sanitaria y cómo han
gestionado sus aguas?
En general cuando es un hospital temporal
se utilizan instalaciones que se puedan adecuar para ello, y un tema importante
es velar porque se tenga acceso al agua, entonces lo que hay que hacer y
evaluar es la cantidad que se va usar, porque en tiempos de COVID-19, el
consumo aumenta. Este es el caso del Hospital de Parque de la Industria ubicado
en la zona urbana de la Ciudad de Guatemala. En hospitales nuevos se han tenido
que construir pozos nuevos, para que el hospital tenga su propia agua. Se
consiguió una donación para la perforación y equipamiento del mismo, y se tiene
contemplado dotar de sistema de cloración para tener un agua segura, y en los
puntos de consumo un tratamiento del agua para que sea apta para consumo
humano. Este es el caso del Hospital ubicado a 75 km de la Ciudad de Guatemala
en la Costa Sur en el Departamento de Escuintla.
¿Cuáles son las recomendaciones que tiene
su institución para la comunidad técnica y de toma de decisiones?
En el caso de normativas, en muchos
lugares es necesario revisarlas y actualizarlas ya que la pandemia por
COVID-19 nos ha obligado a tomar otras consideraciones, como el tratamiento, el
aumento de caudal, el uso del agua y disposición final. Son variantes que
tenemos que estudiar, y en lugares en donde no hay normativas tomar en
consideración las normativas y protocolos que recomienda la Organización
Mundial de La Salud / Organización Panamericana de La Salud.
¿Cómo aporta el intercambio de
conocimientos al desarrollo y diseño de nuevas normativas relacionadas al agua
potable y al saneamiento?
Es bueno que se divulgue lo que se hace en
otros países para mejorar el estándar de servicio de agua, aplicando normas de
diseño adecuadas. En el área rural, hace falta desarrollar e implementar
tecnologías para reducir brecha, y de igual manera difundir conocimiento entre
países y buenas prácticas. Esto ayuda a elevar el nivel de servicio en los
sistemas que ya existen.
La mirada en campo
Sra., ¿cómo ha impactado la pandemia en su país en relación
al agua?
Soy de Argentina, de la zona central del
país, donde el mayor impacto se ha evidenciado en la falta de servicio en los
barrios informales de las ciudades. Otro impacto importante ha sido en las
comunidades rurales y de pueblos originarios del norte del país, que
habitualmente sufren se falta de agua, y en el caso de la pandemia han sufrido
mayores consecuencias aún de las habituales. La falta de agua en barrios
informales afectó en muchos casos la posibilidad de preparación de alimentos en
centros de asistencia alimentaria. Esto ha tenido gran incidencia en la
nutrición, por lo que requirió de especial atención por parte de los
responsables de la coordinación de entrega de agua.
¿Qué conocimientos ha adquirido
intercambiando con otros profesionales?
Mi perfil habitual es actuar
como puente, entre salud y ambiente; entre control de calidad y producción;
entre ingeniería y salud y viceversa. Aprendí mucho
en cuanto a sistemas de agua y saneamiento dentro de las instituciones de
salud, las que habitualmente transito, pero desde el lugar de prestación
profesional de salud (en mi rol como bioquímica clínica, me ocupo de cultivo de
agentes infecciosos y determinación de terapia antibiótica posible, en
infecciones bacterianas humanas).